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¡Mi hijo está ingresado en el hospital!

¡Hola Creamoments!

Nunca me hubiera gustado haber escrito «¡Mi hijo está ingresado en el hospital!» pero por mala suerte, hemos pasado cinco días ingresados en el hospital con el pequeño de la casa.

Todo empezó cuando el peque cogió un pequeño resfriado, algo normal cuando empieza el colegio por primera vez y nunca antes había ido a la guardería, y sumado a que el año pasado íbamos aún con mascarillas, estaba muy bien protegido y sin estar casi expuesto a los virus.

Por suerte, un día se levantó muy resfriado y me lo pude quedar en casa, aunque no tuviera fiebre, se le veía muy congestionado como para tener que ir al cole. En casa, podría descansar. Esa tarde empezó con febrícula, (tengo otro post donde te hablo más detalladamente de la fiebre en Mami, tengo fiebre ) y no le di nada para tratarlo ya que como os explico en este post, la fiebre no es mala, ayuda a matar a virus o bacterias con esa calor. Pero antes de ir a dormir le había subido a 38,5, así que entonces sí le di  su dosis correspondiente de ibuprofeno y a la mañana siguiente se levantó como nuevo.

Una semana sin cambios ni mejoras

Por precaución, al otro día tampoco fue al colegio aunque ya estaba menos congestionado y sin fiebre. Pasó un día como un terremoto pero por la tarde-noche se volvió a repetir la misma situación del día anterior. El fin de semana siguiente, estuvo perfecto pero al llegar la tarde se volvía a repetir: febrícula y fiebre, pasa la noche bien, el día bien pero por la tarde cae la fiebre.

El lunes tampoco fue al colegio y no tuvo fiebre por la noche (¡bien, pensé!), el martes tenía pediatra y solo le vio un poco el cuello rojo, así que al colegio de cabeza. Pero el miércoles por la tarde se volvió a repetir (Nooooooooooooooooo 🙁 pensé) así que el jueves y viernes tampoco fue al colegio. El sábado empezó a tener fiebre todo el día y el domingo ya no le hacía nada el medicamento, no le bajaba la fiebre y era de 39,5. Yo estaba trabajando, así que papá lo llevo de urgencias donde no le vieron nada más que el cuello rojo. Pero cuando yo vine de trabajar a las 18h y lo vi tan flojo, ardiendo, y después de 10 días de fiebres, me lo llevé al hospital.

Un final inesperado

Llegamos a urgencias, había muchos niños. Después de una hora y poco esperando, nos llaman. Le miran todo y solo le ven el cuello un poco rojo. Le hacen test de gripe y Covid, y nos comenta que si da positivo, nos iremos pronto a casa y si no, nos tendrán que hacer analítica de sangre. Después de casi otra hora esperando los resultados, viene la pediatra y nos dice que ha dado negativo, que en breve vendrán a hacerle la analítica y que lo más seguro es que nos quedaremos ingresados. ¿Ingresados? Esto no me lo esperaba.

Le hacen una radiografia por si tuviera algo respiratorio en los pulmones, tengo cierta esperanza de que vieran algo porque así no nos tendríamos que quedar ingresados, igual un ventolín y a casa. Pero no, radiografía limpia, así que no se libra de la analítica. Vienen dos enfermeras, una se pone literalmente encima del peque para que no se mueva y que la otra pueda ponerle la vía y sacarle sangre. Lloraba. Lloraba mucho, y yo no tenía fuerzas, pero debía de sacarlas de donde fuera para intentar no venirme a bajo y poderlo consolar.

Después de otra hora en una camilla ginecológica (sí, además estábamos en un box de embarazadas), viene la pediatra y me dice algo así como: «Os tenéis que quedar ingresados, yo me rijo por dos valores, uno está alto y el otro bajo, están descompensados y algo no va bien». A ver, ¿pero qué tiene el niño? ¿Me estás hablando de una enfermedad grave o qué pasa? Me quedo en shock, nos dice que en breve nos suben a planta. ¿Mami, estás bien? Oigo que me dice la pediatra. Pues no, no me imaginaba que hoy dormiría en un hospital.

Virus versus Bacterias.

Al preguntarme si estaba bien, cosa que agradezco que un médico tenga empatía con el paciente o acompañante, le digo que no. Doctora, ¿pero me estás hablando de que igual mi hijo tiene una enfermedad o cáncer? Y aquí hago una pausa, ¿por qué nos ponemos en lo peor siempre? Creo que es un instinto de ponernos en lo peor para prepararnos por lo que pueda pasar. Me dijo que no, que es más que no saben si tiene un virus o una bacteria, que como no le gusta dar antibiótico sin tenerlo claro, que mejor repetir la analítica en 12 horas. Respiro. Igual a la mañana siguiente nos vamos para casa. Me animo, pienso que podemos aguantar una noche de hospital.

¿Y mi hijo a todo esto cómo está? Pues cansado, pero no para de repetir una frase que se me ha quedado grabada en fuego: «Vamos a casa ya». Y cada vez que la decía era como recibir una puñalada en el corazón. ¿Y cómo le dices que no podemos? Le intento explicar que mamá es su casa, que mientras que estemos juntos, no importa estar en casa o en un hospital, el hogar es la familia. Pero claro, con tres años no le vengas con filosofía, el quiere su cama y la seguridad de su casa. Le ponen suero porque no había comido nada recientemente. Me tumbo con él en esa camilla hasta que a las 01:00h nos vienen a buscar para llevarnos a la habitación.

Un Halloween de miedo, miedo real.

Al día siguiente yo tenía que ir a trabajar, así que nada, hice lo que tenía que hacer: llamé y les dije que lo primero era mi hijo, así que lo sentía pero no podía ir. Ese día era 31 de octubre y teníamos una fiesta de Halloween organizada en el hotel en la cual no pude asistir a pesar de mis ganas y responsabilidad. Pero no me importaba por mi hijo. Él es mi prioridad y aunque sabe mal, hice lo correcto. Además, ese día íbamos a hacer el truco o trato y una gran fiesta de Halloween en casa como tenemos de tradición. Pero a veces los planes no salen como queremos.

Le volvieron a repetir la analítica y los valores apuntaban a una supuesta infección bacteriana, así que le pusieron un antibiótico de amplio espectro hasta saber qué tipo de bacteria tenía. Seguía haciendo fiebres y solo repetía que quería irse a casa. Nos dijeron que nos quedábamos ingresados hasta saber más resultados y verlo mejor a él. Así que nada, no nos íbamos a quedar sin Halloween, así que me traje unos dibujos que el peque había pintado y decoré la habitación. Además, le traje unos libros y juegos para hacer más amena la estada en el hospital.

Esa noche papá se quedó a dormir con él ya que yo no pude dormir más de una hora y estaba muyyyy cansada. Tener a tu pareja al lado que te apoya con este proceso es muy importante y por suerte, hemos podido turnarnos para descansar y poder estar al 100×100 cuando estábamos con el peque.

Pero cuando la primera vez fui a casa a buscarle todo lo de Halloween, nada más entrar me hinché a llorar como hacía tiempo que no lo había hecho. Me sentía mal y culpable de estar en casa sin él cuando él no paraba de decir que quería ir a casa. Seguía muy preocupada aún de que no tuviera ninguna enfermedad porque lo de la bactería no era seguro.

Cada maestrillo tiene su librillo

Al día siguiente era el día de todos los Santos. Teníamos médico nuevo. Según su criterio el médico de ayer se había precipitado al ponerle el antibiótico porque los análisis no eran claros. Y que además, el cultivo que tenía que haber pedido no lo pidió, entonces eso significaba que nos teníamos que quedar aún 48 horas más desde ese día, total, hasta el jueves seguro que no nos iríamos a casa. Cada vez importaba menos ir a casa, lo que me preocupaba más era que aún seguía con fiebre (en total ya 12 días de fiebres y sin aún un resultado claro).

Nosotros intentábamos animarlo explicándole cuentos y jugando con él para hacer la espera más amena, pero seguía durmiendo bastante y comiendo poquito.

Por fin parece que llega la normalidad

El miércoles, pasó el pediatra que toca, ya no era el de guardia y además teníamos ya unos primeros resultados. Nos dijo que Martín era positivo en Parainfluenza 1, un virus respiratorio de vías altas que se manifiesta con síntomas de un resfriado común y, más adelante, con fiebre, tos «perruna», ronquera y estridor. Todo parecía tener ya sentido, pero aún así, nos volvieron a dar el antibiótico porque seguía faltando resultados. Le quitaron el suero y desde entonces, ya no volvió a tener más fiebre, pero el pediatra nos dijo que hasta el viernes no nos daría el alta para ver una evolución de 48horas sin fiebre.

Aunque era fantástico saber que ya teníamos un diagnóstico, una causa a esa fiebre, teníamos que quedarnos dos días más. Así que nada, como buena mamá inventora que soy, me las ingenié para que el peque estuviera entretenido y feliz. Tiré una manta al suelo y allí que nos poníamos a jugar.

El ejemplo de la mariquita

Unos de los días que estaba en casa descansado vi una mariquita dentro de casa. No volaba y tenía como un golpe en el lado izquierdo. La cogí y metí en un recipiente con unos agujeritos para que pudiera respirar. Le puse un trozo de piel de melocotón y me la llevé al hospital.

Le enseñé a Martín que esa mariquita era como él, hasta que no pudiera volar y curarse, no podría salir del recipiente, ya que si la dejaba suelta y sin poder volar, otros insectos se la podrían comer. Así que tendría que estar encerrada hasta que se pusiera buena, como él.

Cada vez que el peque me decía que quería irse a casa le explicaba que la mariquita también tenía que estar en el recipiente, que si la dejaba ir, alguien se la podría comer o hacer daño. «¿A que no quieres que nadie le haga daño? La mariquita tiene que poder curarse y volar. Pues a ti te pasa igual, hasta que no estés bueno del todo, no podemos irnos, cariño, si no te puedes poner peor» Y parecía que lo entendía.

Consejos para sobrevivir a un ingreso hospitalario

Los dos días siguientes y antes de tener el alta fueron muy bien, el peque seguía sin fiebre y muy animado. Cada vez tenía más apetito y parecía que se acostumbró a estar ahí ya que no preguntaba por casa. Ahora te contaré cosas que hacíamos para pasar el rato que igual te pueden dar alguna idea:

  • Hacer una lista de cosas: Al peque le encantaba hacer una lista ya que juntos decidíamos qué ibamos a hacer y se sentía partícipe de tomar decisiones. Esto también me iba bien para poner entre medio algo que el peque le costaba o no quería, por ejemplo, entre juego y juego poníamos comer el yogur, así él sabía que tenía que hacerlo pero luego volvería a haber un juego.
  • Un regalito para el enfermo: Uno de los días le traje un regalito. Al principio se sentía tan mal que no quería ni abrirlo, pero cuando estuvo un poco mejor, le hizo mucha ilusión. Ellos entenderán que nos importan y que estamos ahí para hacerles sentir mejor. En nuestro caso fue un juego de mesa que le encantó.
  • ¡Qué no falten los cuentos!: Los cuentos nos iban genial para tumbarnos, descansar y leer historias y aventuras. Los libros no pueden faltar cuando los peques están ingresados porque les ayuda a desconectar.
  • El juego es medicina pura: los juegos fueron otro de nuestros imprescindibles porque jugando nos divertimos y matamos horas de hospital. Jugando aprendemos y jugando nos divertimos.
  • Libreta, rotuladores y pegatinas: otro material que ocupa poco y da mucho juego es papel y colores, y si además añadimos unas pegatinas, tenemos entretenimiento para rato. Dependiendo de la edad del peque podemos hacerle actividades para que ellos resulevan, o simplemente dibujar, adivinar el dibujo del otro, decorar con pegatinas, escribir el abecedario, dibujar formas con caritas… ¡imaginación al poder!
  • Espectáculos que no falten: no sé si es porque soy animadora o que pero una de las cosas que más le gustaba al peque era que le hiciera espectáculos. Cada uno diferente, cada uno con encanto propio. En uno era una concursante y tenía que hacer pruebas de habilidad, en otra era una youtuber en versión chica haciendo un vídeo que le gusta ver a Martín, en otra era cocinera y hacía helados con globos. Mi imaginación tampoco tenía límites.
  • Globos de colores: otra cosa que le encantó a Martín fueron los globos, tanto para decorar la habitación como para hacerle caritas y esconderlos y tener que encontrarlos después.
  • Pantallas sí, pero con límites: yo no soy de prohibir pantallas, las usamos pero con límites. Nos venían bien para ver alguna serie o para usar filtros graciosos de instagram. El peque se reía muchísimo y verlo así de feliz, hacía que se me curara el corazón.

El valor de las pequeñas cosas

La plantita que trajo un día papá, el bizcocho casero de la abuela, las croquetas del abuelo, los mensajes de ánimos, que la tía se pudiera quedar con Lucas, los buenos días de tu amiga,… pequeñas cosas que estando en el hospital parece que aumentan de valor. Apreciemos lo bueno y veamos el vaso medio lleno, eso nos ayudará a encontrarnos mejor. Y ser agradecido siempre, a mí personalmente, dar las gracias a quién me ayuda, me hace sentir mejor y más feliz.

El hermano mayor

Si como en nuestro caso tienes otro hijo, sabrás que es duro no verlo y atenderlo como siempre. Además, si es un poco mayor y se da cuenta de las cosas, estará preocupado por no ver a su hermanito en casa y ver a sus papás yendo y viniendo del hospital. Si a nosotros nos cuesta a veces entender las cosas de los médicos, imagínate a ellos que se les puede pasar por su cabecita, así que es normal que estén preocupados y angustiados.

En nuestro caso las dos primeras noches, Lucas se quedó en casa de su tía con su primito. Se lo llevaron a hacer el truco o trato y se lo pasó tan bien que pudo estar distraído de todo lo que estaba pasando y evitar ver lo mal y tristes que estábamos papá y yo. Eso sí, cuando lo veíamos, estábamos con una actitud positiva y explicando con palabras fáciles lo que estaba pasando. Y nunca mintiendo, ellos son muy listos y es mejor ser sinceros y explicar la verdad que no inventarnos un cuento y hacerlos dudar.

El regreso a casa

El viernes pasó el pediatra y el peque aún dormía. Nos dio el alta. Yo desperté a Martín y él no se quería ir (tengo grabado como le digo, «Martín, nos vamos a casa, ¿quieres ir a casa? y él decir: NOOO), imagino que sería porque estaba recién levantado, pero es cierto que se acabó «acostumbrando» a estar ahí.

Papá nos vino a buscar y volvimos a la normalidad. Nos dimos un buen baño y dejé al peque elegir lo que quería hacer. Puso el salón manga por hombro lleno de juguetes y fui ahí cuando me di cuenta del bendito desorden. Que prefiero un millón de veces tener la casa desordenada pero que estén los niños bien y en ella. Una casa con niños ordenada es muy raro.

Te abrazo desde la distancia

¿Y por qué te he querido explicar todo esto? Porque igual tú ahora estás en mi situación, y un mensaje de ánimo o leer una experiencia así te puede hacer sentir un poquito mejor. Te mando un abrazo gigante y te deseo muchos ánimos si estáis pasando por una situación parecida a la nuestra. Siéntete como te tengas que sentir. Llora lo que tengas que llorar. Esas emociones son válidas y la vida es una montaña rusa de experiencias y momentos mejores y peores. Todo pasa. De todo se aprende.

Saludos,

@mamaysusjuegos

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